telepolis(*)
Estuve reflexionando sobre cómo encarar esta etapa del curso, y tomé
conciencia de que mi actual alumnado tiene menos de treinta años.
En 1990 yo trabajaba en Universidad de Luján, y algunos de mis amigos
universitarios y todos los no universitarios se extrañaban de que
hubiera mandado un correo a la Base Marambio a las 9 de la mañana, y
mientras estaba almorzando hubiera recibido la respuesta de mi colega
en la Antártida. De la misma manera a mi me extrañó que un amigo,
becario en Canadá, hubiera ido a la biblioteca del Instituto,
preguntado por un libro; como no estaba, el bibliotecario maniobró en
la computadora, ubicó un texto electrónico en una universidad inglesa,
y ... ¡ lo pudo consultar en forma directa!
Eran los principios de ARPANET, que luego se convertiría en Internet, y
el correo electrónico y la consulta de textos ubicados al otro lado del
mundo estaba disponible sólo para la investigación científica, las muy
grandes empresas y algunas oficinas gubernamentales.
Una generación después vivimos en una era o sociedad de la
información, entre otras razones, porque los sujetos de las sociedades
urbanas estamos inmersos en un medio ambiente informacional que nos
inunda de forma diaria. La información en sus múltiples formas (oral,
textual, hipertextual, audiovisual, icónica, auditiva, multimedia, ...)
es la materia prima de nuestra existencia moderna. Nuestra civilización
actual, entre otros rasgos, se diferencia de las precedentes en que la
socialización de cada individuo requiere de éste el dominio de los
códigos y formas simbólicas que le permitan entender la ingente
cantidad de información que recibe, y a su vez, esté en condiciones de
producir y difundir información en distintos formatos.
Hay coincidencia entre los expertos en que nunca fue tan necesaria la
educación para poder integrarse a la sociedad. La promoción
laboral, los valores y actitudes ante la vida, las prácticas culturales
y de ocio, los vínculos y relaciones afectivas con los demás, el
comportamiento democrático con los que le rodean y con la sociedad, ...
está condicionado por la cantidad y calidad de la formación recibida.
La innovación, el cambio, la transformación, la mutabilidad, son las
características del conocimiento que generamos las personas,
las instituciones, las universidades, las empresas o cualquier otro
grupo social humano.
Obviamente esta situación plantea toda una serie de ventajas y
desventajas, analizadas hasta el infinito por especialistas de ambos
lados (tecnofílicos y tecnofóbicos), y tambien por muchos opinadores
neutrales.
(*)TELEPOLIS es una novela, no
recuerdo su autor, publicada en 1992, que realizaba una proyección de
la sociedad frente a los cambios sociales que introduciría la entonces
incipiente Internet. Los países y las regiones son barrios de
Telepolis, la economía de consumo pasa a ser una economía de
producción, donde el ocio da lugar al trabajo, y los habitantes
(telepolitas) en su gran mayoría son observadores pasivos de la vida
social.
Cualquier semejanza con la situación actual es simple coincidencia.